Esta
obra recoge el inventario de pinturas del Alcázar de Madrid redactado a
la muerte de Felipe IV en 1666, abordando la identificación y
seguimiento histórico de las obras de acuerdo con la aparición de estas
en los documentos analizados, de tal modo que más allá de la mera
enumeración de pinturas, recrea estancia por estancia la decoración que
daba vida al Alcázar en época de Felipe IV.
Además de la transcripción del inventario de 1666, incluye la de
aquellos que complementan la visión del Alcázar, como la testamentaría
de Isabel de Borbón, donde se describe el Oratorio de la Reina, o el de
1686 que complementa el anterior.